En título suena bien trágico, pero este post no lo es tanto. No se trata de que mi mundo se está viniendo abajo ni nada por el estilo, se trata de que hace mas de dos meses que no para de haber obras y más obras por mi casa (o bajo ella).
Vienen unos hombrecitos uniformados y rompen las pistas, claro a ellos que les importa si les pagan por hacer eso y, ni siquiera, son ellos los que tienen que manejar como si estuvieran en Kosovo. Ni que decir del tráfico! Bueno, bueno, ahora corre un tubería de gas por mi avenida y uno hitos decoran la berma central: "cuidad no excavar, peligro de explosión". . . . . nadie se dio cuenta de que hay tres grifos cercanos!
Acabaron las obras del gas y la pista y la vereda no pudo estar ni un mes entera, ahora se les ocurrió hacer no se que de la gastronomía peruana. Adiós pistas y veredas, hola cartel gigante con la cara del obeso presidente. Malditas obras que no dejan dormir, no dejan leer y, ni siquiera, dejan caminar!
Oh! y cómo olvidar a los vecinos de abajo? Hace un mes que compraron la casa y no han tenido mejor idea que remodelarla. . . . de noche! Taladros, martillos, olores espantosos y montones de materiales de construcción en el ascensor. Para colmo de males, no han tenido mejor idea que poner todo su desmonte en mi cochera! Ahora no tengo que manejar por la calle sobre restos de pistas y veredas, sino, también, dentro de mi chochera! Ah! los vecinos de al frente que no paran de construir, los bomberos que cada vez tocan más fuerte su sirenas . . . . . y uno que otro idiota al volante.
No, no vivo en Gaza . . . vivo en Miraflores.
